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Mar Rojo (relato de nuestro 1º viaje de buceo al Mar Rojo, como Cias)

Interés General

MAR ROJO


Desde que finalizó nuestro viaje de buceo al Mar Rojo (del 3 al 10 de Agosto de 2004), guardo la sensación de que lo vivido en esas fechas ha sido una experiencia intensa, fuerte y muy especial. Y que tardaré un buen tiempo en ir asimilando toda la riqueza que guardan sus múltiples facetas: desde la belleza más abrumadora, a los sentimientos más íntimos de amistad, de agradecimiento, de pequeñez, de unidad con la naturaleza, de conocimiento de mí mismo, de miedo y de autocontrol. Por ello me decido a escribir como una forma de ordenar esa burbuja de recuerdos, ideas, sensaciones y sentimientos, pero sobre todo de compartir con vosotros, mis amigos del Cias, una experiencia que para mí ha sido única e inolvidable. No voy a intentar hacer un relato pormenorizado del viaje, ni de las 20 inmersiones realizadas (tres diurnas y una nocturna cada día), sería muy largo y muy ancho y seguro que me olvidaría de muchos detalles; además contamos con varios libros donde se recogen todas y cada una de las inmersiones y que están a vuestra disposición. Sí me atrevo a recoger las vivencias, anécdotas e incidencias del viaje, así como daros algunas informaciones y recomendaciones que os puedan interesar.

Partida


Iniciamos el viaje en Barajas donde nos fuimos reuniendo y saludando, llenos de emoción, alrededor del mostrador de embarque de la Midwest Airlines los nueve expedicionarios de Madrid: Miguel, José Emilio, Marina, Sergio, Mª Ángeles, Sol, Jorge, Mª José, y el que esto escribe, Jesús. En la facturación de los equipajes tenemos el primer contratiempo por el exceso de peso que presentamos, después de dialogar e intentar razonar con el representante de la compañía durante casi media hora (y mira que José Emilio y Miguel son pacientes y razonan) explicándole que a los buceadores la mayoría de las compañías les permiten 30kg por persona, que además de los equipos de buceo llevamos material de vídeo y fotosub, que mira que los próximos viajes los hacemos con otra compañía que… que si quieres arroz, no hubo manera de apear del burro al tipo más inflexible y caravinagre del aeropuerto, así que a pagar entre todos la tasa que nos dijeron y a facturar los equipos. No nos iban a amargar el viaje unos pocos euros ni un tío con almorranas. Si os cuento ésto es porque a la vuelta en el aeropuerto de Sharm-el-sheik, la misma compañía nos facturó los equipajes sin decir ni pío del sobrepeso, y eso que veníamos con algo más, por aquello de los regalos y recuerdos.

Llegada


Después de unas tres horas de vuelo con comida incluida, aterrizamos en Sharm, que por cierto está destartalado como sin acabar de construir, y allí al recoger los equipajes descubrimos que el causante del sobrepeso era José Emilio, ya que una de sus maletas con equipo de buceo y vídeo no aparecía por ninguna parte y, como poco después nos enteramos, el tío de las almorranas la había mandado nada menos que a MOSCÚ, seguro que para aligerarnos del sobrepeso para la vuelta. ¡Sí os lo juro!, estuvo en Moscú hasta que la recuperamos el día de vuelta a España y… ¡oye, al menos completa! pero sin un detalle dentro, como una botellita de vodka o una latita de caviar. Se van a ca…r los de la Midwest, los de Mapfre asistencia, los de Royal Vacaciones, y los de Abando porque a pesar de innumerables llamadas a unos y otros, cada cual pasaba la pelota al contrario sin solucionar la papeleta. Allí el único que no perdía la sonrisa era nuestro guía local de Abando, seguro que la llevaba dibujada.

Pero en honor de la verdad, he de decir de José Emilio que ¡chapó!, para nada le enturbió el incidente ni su humor ni su saber estar para todos, a pesar de las múltiples e infructuosas gestiones que realizaron tanto él como Miguel en los días siguientes con los móviles echando humo. Y ya que hablamos de móviles os diré que en todo momento tuvimos cobertura a pesar de no ver la costa con frecuencia, además se puede llamar directamente sin marcar el prefijo de España (+34 ó #34), pero cuidadín con la factura. Del viaje desde el aeropuerto a la Marina (el puerto de Sharm-el-Sheik), mejor no hablar, ni mirar, no es apto para cardiacos ni para corazones sensibles. En lugar de semáforos, hay de vez en vez un paisano con una especie de linterna roja y verde que intenta, infructuosamente y con más valor que un torero, que en los cruces no impere la ley del "marica-el-último", o del "corre-corre-que-te-pillo", en fin son unos 20 minutos muy, muy, muy largos.

EL BARCO, SU TRIPULACION Y LA COMIDA


En cuanto al barco el Sea Romeo cuenta con ocho camarotes dobles para el pasaje, con armario, espejo, mesilla y dos literas escalonadas de fácil acceso. Deciros que en líneas generales yo lo califico de bueno a muy bueno, salvando algunos defectos como el que los camarotes no tienen aseos y que el aire acondicionado está en el inicio del pasillo y entra en los camarotes a través de un ventilador en cada puerta.
Así que los que estábamos más alejados en los camarotes de proa, teníamos aire desacondicionado a cambio de oir romper las olas en el casco, pero se podía dormir sin sudar. Otros defectos eran que en ocasiones había un desagradable olor a fuel, quizá por un mal aislamiento de la zona de máquinas…

Y los váteres ¡oh los váteres! os cuento que en los váteres la taza era minúscula (como para medio culo y sin derecho a meter el "pinganillo", de tamaño normalito-español), además estaba colocado sobre un alto pedestal que te obligaba a "obrar" como un ladrón, es decir que lo hacías de puntillas, o bien te cagabas de vértigo cuando el mar arreciaba y aquello se balanceaba. Y además no se puede tirar el papel a la taza por el riesgo de atasco, ya que se vacía por bombeo directo al mar (¡ojito! con nadar o hacer snorkel en los costados del barco), por lo que después de cada pasada por el tercer ojo tenías que ir cuidadosamente envolviendo y plegando la "legaña", a modo de perfumada carta de amor que se depositaba en su correspondiente papelera, que por cierto, era frecuentemente limpiada en el más absoluto secreto; yo nunca la vi retirar pero siempre estaba acondicionada.

La distribución de los espacios, plataforma y cubierta de buceo con bancos para vestirse, perchas y cajones individuales para los equipos; ducha y barril para endulzar equipos y cuerpos; comedor amplio con aire acondicionado; cubierta principal con bar, equipo de música y cajón frigorífico con barra libre de agua y refrescos ( las cervezas y el tabaco se encargan y se las paga cada uno el primer día antes de salir de crucero); y una sobrecubierta para tomar el sol o contemplar las estrellas, me pareció excelente, práctico y cómodo. Yo personalmente no lo cambiaría por la estancia en un hotel de muchas estrellas, pensando siempre en que se trata de un viaje de buceo intensivo.

Con respecto a la tripulación, el trato es muy bueno y están atentos a lo que se precise en cada momento, tanto con los equipos, cargas de botellas, durante la equipación, en el comedor, como en cualquier otra demanda. Además procuran no estar a menos que se les diga y, realizan la limpieza de barco y camarotes varias veces al día aprovechando nuestras inmersiones, con total sigilo, orden y respeto. Ni yo, ni nadie que yo sepa en los 5 días del crucero, notamos ningún cambio ni falta en nuestros efectos personales ni en nuestro dinero.

En cuanto a la comida, deciros que es variada, bien cocinada y bastante equilibrada y abundante. Es una especie de autoservicio donde en un plato grande uno se va sirviendo un poco de cada variedad de acuerdo a sus gustos y apetito; normalmente había seis platos distintos que básicamente consistían en arroz o pasta, verduras, ensaladas, patatas y carne (fundamentalmente pollo y ternera), huevos o pescado y, diferentes y excelentes salsas. La influencia "guiri": siempre en la mesa sobres de mostaza y sobre todo de ketchup. Como postre frutas y a veces dulces y las infusiones que cada uno deseara, aquí un aviso, el café es de sobres en polvo.

Normalmente se podía repetir de todo aunque algo menos de la carne o del pescado, pero las raciones eran generosas y prácticamente hemos variado en todas las comidas. Llevábamos el ritmo siguiente: desayuno ligero - Inmersión - desayuno fuerte (zumos, quesos, huevos, pan de pita, dulces, frutas, mermeladas…) - Inmersión - comida (seis platos diferentes y postre) - siesta o/y vida social - Inmersión - merienda con infusiones y dulces - Inmersión Nocturna - cena (igual de abundante y variada como la comida) - vida social - y a dormir o…

Tengo que hacer una advertencia: no hace falta llevarse latas de comida, no se pasa hambre a pesar de que se necesita comer por el ritmo de inmersiones y las pérdidas calóricas. Yo me llevé mi despensa en latas y al final durante dos días las gastamos en meriendas compartidas con toda la tripulación (solo eran productos del mar).


Expedición

EL GRUPO Y LA ORGANIZACION DE BUCEO
Nuestro grupo de buceo estaba formado por 16 buzos, los nueve de Madrid más cuatro (María, Pepe, Jordi y Mari Luz) de Cataluña, Antonio de Valencia y dos canarios, de los que ni vuelan ni tienen plumas de colores (Isidro y Oliverio), a los que hay que añadir los dos divemaster: Noah (brasileña…sic) y Mohamed (egipcio como su propio nombre indica, aunque de ojos claros y pelo casi rubio) los dos magníficos y expertos buzos, atentos, alegres y cariñosos.
En el reparto de camarotes en el que no voy a entrar por aquello de la intimidad y las malas lenguas, a José Emilio le tocó la china de compartirlo con el buzo "roncador máximus" que es el que ésto escribe. Y aunque no le cambió la cara durante la distribución, claramente percibí cómo le temblaron las piernas y, es que era demasiada mala leche en un día: la maleta en Moscú y luego yo.
Por eso cuando saqué de mi equipaje los tapones anti-ruido para sus oídos, una expresión de alivio le iluminó la cara y hasta creo que elevó una plegaria de agradecimiento por no tener que asesinarme al segundo día.

Para las inmersiones nos dividieron en dos grupos, uno de siete y otro de nueve, que nos alternábamos cada día en el orden de salida, y a su vez en cada inmersión cambiábamos de monitor. A pesar de las diferencias por el origen, la amistad previa, las afinidades y hasta la edad (yo, el más carroza, podría ser el padre de algunos), y de convivir intensamente en un espacio cerrado durante una semana, en ningún momento hubo discusiones o malos rollos, tomando las decisiones en común, compartiendo, ayudándonos y disfrutando prácticamente de lo mismo. Aquí quiero hacer una mención especial, lógicamente, a mi grupo: José Emilio, Marina, Sergio, Miguel, Mª Ángeles, Sol y yo; me faltan palabras para describir lo que he disfrutado con ellos. ¡Joder cómo bucean!, la intensidad de algunos momentos debajo y encima del agua, su trato, su cariño y generosidad… en fin que se me han quedado para siempre en el corazón.



LAS INMERSIONES



Antes he de deciros que el Mar Rojo es el más azul y de aguas más transparentes que he visto, ¿por qué se llama Rojo? es de esos misterios que se intentan explicar con diversas teorías, porque nadie sabe exactamente a qué se debe.

La primera inmersión que realizamos, cerca de La Marina en un lugar llamado el Templo, es en realidad una especie de visto bueno y valoración de cada uno de los buzos, por lo que nos sorprendió a todos que no realizáramos ningún ejercicio típico de vaciado de gafas o de equilibrado y control de la flotabilidad, debimos navegar tan bien o tan rematadamente mal, que no juzgaron necesaria ninguna otra prueba. Lo que creo que no sabían nuestros guías, es que dicha aparente pericia era debida no tanto a todas sus instrucciones sobre no tocar, no coger, no rozar, no levantar fondo…etc, sino al "acojone" que teníamos gracias al cachondo de nuestro biólogo y videosub José Emilio. Que nos informó de que además de los peces León que se situarían por debajo de nosotros con riesgo de emponzoñarnos si nos dábamos un panzazo con el fondo, estaban el Coral de Fuego con el que un roce nos escaldaría como el Napalm y sobre todo, que existía una bicha llamada Pez Piedra, porque es indistinguible de las ídem, que en caso de apoyo fortuito sobre ella deberíamos seguir disfrutando de la inmersión como si nada, ya que serían los últimos minutos de nuestra vida y claro, no íbamos a perderlos saliendo a pedir socorro porque no había ningún remedio.

La mayoría de las inmersiones las hemos realizado divididos en los dos grupos que os he señalado. El grupo que le tocaba ser el primero se equipaba y se situaba en la plataforma inferior para lanzarse al agua o bien para embarcar en la zódiac que siempre llevábamos amarrada a popa, y mientras embarcaban y les llevaban al punto de inmersión, el segundo grupo hacía lo propio. De esta forma siempre manteníamos una diferencia de 10 ó 15 minutos entre los dos evitando las aglomeraciones y los líos, como los que tuvimos el primer día en la nocturna, y que luego os contaré.

Previa a cada inmersión sonaba la campana de a bordo y nos reuníamos todos en la cubierta principal, cómodamente sentados frente a la pizarra donde Noah dibujaba perfectamente el lugar y perfil de la inmersión, señalizando referencias, profundidades, corrientes, trayecto a recorrer, peligros, orden de los equipos…etc.

Fundamentalmente las inmersiones han sido de dos tipos: en paredes de arrecifes y en pecios. Los arrecifes se elevan desde profundidades de 800 ó 900 metros hasta aproximadamente 0,5 m de la superficie, pudiendo formar mesetas aisladas en mitad del mar, cadenas de arrecifes separados por más o menos 500 m, o grandes círculos (de varios km de perímetro) con una laguna en medio de no más de 15 - 16m de profundidad. Siempre en todas ellas paredes de pendiente muy pronunciada, casi verticales o ligeramente escalonadas y, con la presencia prácticamente constante de corrientes más intensas cuanto más cerca de la superficie. Lo que nos obligaba muchas veces a descensos rápidos para no ser arrastrados y separados del grupo y, para luego aprovecharlas haciendo largas derivas con poco esfuerzo, por las paredes de los arrecifes.

Con visibilidades de 50 m y una temperatura del agua que nos ha variado de 25 a 27ºC, hemos buceado en un gigantesco acuario lleno de vida con corales de todo tipo, color, forma y tamaño, corales cerebro, árbol, enormes corales mesa, pequeños corales de fuego, gorgonias increíbles con incrustaciones de ostras entre sus ramas, esponjas tubo, pólipos, nudibranquios bellísimos, maravillosas tridacnas azules, anémonas todas habitadas y defendidas por los pequeños, valientes y bonitos payasos (Nemos).

Los vistosos peces loros comedores de coral, los enormes peces tigre gigante con enormes y amarillentos dientes como cizallas que pulverizan las rocas de coral en busca de alimento. El pez trompeta, las mantas moteadas y rayas, los ballesta, los unicornios de ensueño, los preciosos cirujanos que se acercaban coleteando para intentar herir a los intrusos con sus naranjas cuchillas caudales. Rémoras que nos confundían con escualos o cetáceos y se nos adherían a las piernas, peces piloto, cofres, diodones, globos que se hinchan y erizan sus puntiagudas escamas.

Los pequeños y trasparentes peces de cristal moviéndose como una lluvia mágica debajo del mar. Atunes, pargos, carángidos, sargentos, tijeras, anthias, fusileros, peces murciélago y mariposa en bancos de cientos. Los maravillosos y elegantes peces ángel y estandartes siempre en parejas, morenas enormes y de colores increíbles desde el casi negro a un blanco coralino.

Meros de todo tipo y tamaños, tortugas que podíamos acariciar, su majestad el napoleón, cardúmenes inmensos de barracudas. Diminutos peces arpón como caballitos de mar de cola recta, peces cocodrilo que se mimetizan en los fondos arenosos, exactos a los cocodrilos pero sin patas. Espectaculares y ponzoñosos peces león, o los invisibles y peligrosos peces piedra con veneno más poderoso que el de las cobras. Por último el sobrecogedor tiburón y el juguetón delfín…y un sin fin de ellos que en este momento seguro que olvido, pero cada uno de una forma, de un color diferente, en una sinfonía maravillosa y anonadante.


Peces Cristal

Es difícil escoger alguna inmersión por encima de las otras, pero para mí hay cuatro que quiero destacar por haber sido especiales en cuanto a lo que sentí y viví en ellas. La primera en el tiempo fue en el parque nacional de Ras Mohamed, cayendo la tarde y buceando por la parte de fuera de la cadena de arrecifes (Anémona City, Shark Reef, Yolanda Reef y Satélite Reef), aquí descubrí lo que es bucear en el Azul. Hasta ese momento siempre había pensado que esa expresión era una cursilería que se había inventado algún buzo francés… pero no y os lo cuento:

Nos tiramos al agua con cierta premura, porque el sol ya daba una luz bastante oblicua y avisados de la existencia de una fuerte corriente quedamos en reunirnos abajo. La verdad es que caímos como piedras siguiendo a Mohamed y comprobando que íbamos los siete del grupo. No paramos hasta que Moha se detuvo a menos 17 m en una preciosa pared vertical, pero en lugar de dedicarnos a admirar su contenido se lanzó sin más a la nada, a un abismo azul en el que sabíamos que el fondo más cercano estaba 800 ó 900 m debajo de nosotros, eso más la corriente que percibíamos en nuestra cara y la total ausencia de referencias nos daban una sensación de velocidad inmensa con nuestro aleteo.



Rodeados de un profundo azul, sintiendo el peso del agua o la atracción del abismo y con sorpresivas apariciones de siluetas fugaces de pelágicos indistinguibles, se disparaba nuestra imaginación con una mezcla de euforia, sobrecogimiento y vértigo, manteniendo la dirección que seguía Moha por puro instinto. Sobre los menos 28 - 30 m que nos informaban los ordenadores, de pronto apareció por nuestra derecha un enorme banco de peces Mariposa, plata y amarillos, que podíamos casi tocar y que nos miraban con una mezcla de curiosidad y precaución, siguiéndonos a la par hasta que desaparecieron tan mágicamente como se habían presentado.

Tras unos minutos, solos de nuevo en el azul, por sorpresa estábamos casi en mitad de cientos de Medregales, navegando entre ellos como uno más y esta vez, la euforia me invadió de tal manera que grité de excitación, de alegría y confieso que llegué a soltar lágrimas de felicidad, hasta que se desvanecieron con la misma rapidez que habían surgido. Ya parecía que finalizábamos el azul pues vislumbrábamos una nueva pared de otro arrecife, cuando entre ésta y nosotros vimos una gigantesca masa gris que se movía y cambiaba de formas más o menos circulares como rápidos remolinos. De hecho, en su centro tenía un oscuro agujero; pues bien, al acercarnos vimos incrédulos que estaba formada por innumerables Barracudas, las más grandes, hasta asustar, por fuera y las más pequeñas en el interior de esa gran masa.

Pero lo que acabó de erizarme los pelos, fue ver entre los feroces Espetones una gran cantidad de otros peces tales como Ballestas, Murciélagos, Unicornios y sobre todo Plátax metidos en esa veloz y arriesgada aventura. ¿Cómo era posible que estuvieran mezclados con peligrosos depredadores?; la respuesta quizá estaba más abajo pues al pié de esa pared escalonada, muy al fondo, pude adivinar dos largas formas que se deslizaban suavemente…¿tiburones?...no lo sé porque la luz ya era muy pobre, además estaban en zona de sombra de la pared y la reserva de aire nos obligaba a finalizar la buceada tras 40 minutos de excitación máxima,…Pero confieso que todavía se me eriza el vello al recordarlo, por algo habíamos llegado a la pared exterior de Shark Reef.


Otra deliciosa e imborrable inmersión, aunque opuesta a la anterior por la paz y belleza casi de postal que disfrutamos, fue en Small Crack, que es una gran barra de coral con la cima a medio metro y una laguna interior de unos menos 6m a la que se accede a través de dos canales paralelos que se abren en la pared a menos 10m. Por su situación está sometida a fuertes corrientes por la cara Oeste, por lo que nuestro barco fondeó en el lado Este y nos desplazamos con la zódiac al otro lado de la barrera y bastante lejos del barco para movernos hacia él aprovechando la corriente. Una vez en el agua bajamos hasta menos 25 m, en medio de un paisaje poblado de madréporas y anémonas rojas con sus inevitables Payasos, con fondos de arena blanca y arrastrados suavemente por una corriente incansable nos dejamos derivar mirando el panorama que desfilaba ante nosotros.

Todo muy suave como sin esfuerzo, volando lentamente, evitando rozar las hojas de enormes Gorgonias. Así fuimos encontrándonos con Rayas, Diodones, peces Globo, Loros, Trompetas, miméticos Cocodrilos, azules Tridacnas, grupos de Mariposas y parejas de Estandartes, Morenas blancas, despistados Meros, un precioso Napoleón y, durmiendo en su lecho de arena, una gran tortuga que despertamos tras estar un buen rato burbujeando y acariciando su caparazón.


Pez Cocodrilo

Poco después de que la tortuga se perdiera deslizándose en el Azul, llegamos emocionados a la entrada del primer canal que sorteamos por estar tapizado de coral de fuego, con sus inconfundibles puntas anaranjadas y proseguimos hasta el canal sur por donde entramos arrastrados por una fuerte corriente. Sin más uso de las aletas que para mantenernos en el centro del canal, volando lentamente, planeando y viendo pasar un maravilloso paisaje lleno de luz, colores y vida, hasta llegar al centro de la laguna donde emergimos después de los 60 minutos más bellos y llenos de paz que recuerdo. Así lo confirmaba la sonrisa beatífica que tenían mis compañeros, especialmente Sergio y Miguel que nos mirábamos, sonreíamos y solo acertábamos a decir: ¡uff, qué pasada!

Otra no menos imborrable inmersión es la que realizamos al interior de las bodegas del Thistlegorn, este pecio era un carguero inglés de la Segunda Guerra Mundial, que llevaba en sus bodegas, camiones, motos, locomotoras, carros de combate, repuestos de aeroplanos, torpedos, además de armas, municiones y ropas para el ejército inglés que combatía contra Rommel y sus Zorros del desierto. Fue torpedeado y hundido, por un escuadrón de bombarderos alemanes con base en la isla de Creta, al oeste de la península del Sinaí y a casi 20 millas de la costa más cercana en la entrada del estrecho de Gubal.

Llegamos en la tarde del tercer día y nuestros guías nos explicaron que por su estado de conservación y tamaño íbamos a realizar tres inmersiones en él, la primera esa misma tarde para verle por fuera en toda su extensión, así como los pecios que le rodean desprendidos durante su hundimiento. La nocturna, entrando en las bodegas principales de carga y la tercera, a primera hora de la mañana visitando todo el interior, camarotes y los tres niveles de las bodegas.


En esa primera exploración pudimos admirar su impresionante presencia. A una profundidad comprendida entre los menos 16m de la proa y los menos 33m de la popa, sobre un lecho arenoso descansan en posición de navegación sus 131m de longitud. Con un enorme boquete en el tercio de popa, que arrancada del resto, yace de babor rodeada de despojos de todos los tamaños vomitados por la explosión; entre los que destaca una locomotora de vapor que parece competir con el buque, en una última carrera por huir de tan trágico lugar.

Esas imágenes y el pensar en la nocturna con un enjambre de buzos por dentro de herrumbrosos corredores sin luz, con cables desprendidos y cienos traicioneros, con recovecos habitados por…, acentuaron mi "prudencia" que rápidamente hilvanó toda una serie de poderosas razones para no bajar esa noche y eliminar un poco del Nitrógeno que angustiaba a mi "ordenador". Al final bajaron un grupo formado por los dos locos videosub José Emilio y Sergio, a pesar de que el mismo José Emilio había avisado de que le parecía innecesariamente arriesgado, pero claro debía ser para los demás. Marina la única sensata de la familia pero que bajó para cuidar de los dos anteriores, su padre y su chico. Miguel con más cojones que el caballo de Espartero.


Torpedo

Jorge el fisiovaliente acompañado de su contraria y lanzada Mª José. Y de un puñado más que no me voy a acordar bien pero que en conjunto eran un entreverado de expertos atrevidos y de atrevidos inexpertos. Total que tras la espera, en la que los que permanecimos en el barco nos dedicamos a tomar refrescos y a afianzar nuestra sensatez, aparecieron primero sus luces y luego sus cabezas con las caras pálido-verdosas y extrañamente silenciosos, mientras algunos, andando con las piernas entreabiertas, hacían cola en los servicios… Ya durante la cena, Miguel confesó que si se les llega a aparecer un desfile de húmedos fantasmas se lo hubieran creído a pies juntillas.

A la mañana siguiente, descansados y animados por la luz del sol, se disiparon todos los fantasmas y nos lanzamos osados a la exploración completa de las bodegas del Thistlegorm. Y allí descubrimos varias evidencias: primera que en el interior de las bodegas de un gran barco existe la misma luz de día que de noche; segunda que en los buques de acero te enganchas con la misma facilidad que en los de madera, pero los coscorrones te duelen más; tercera que nadie limpia en un barco hundido y te pones perdido y ciego de lodo; cuarta que debajo del agua las mujeres "polucionan" igual que los hombres; y quinta no matarás…digo… no matarás, aunque un compañero te monte un "cimborrio" porque le ha dado un ataque de ansiedad y te hace la seña de NO TENGO AIRE con 170 atmósferas en la botella.

Tras estas evidencias y solucionado sin cuchillo el ataque de ansiedad, fuimos completando la impresionante visita recorriendo estrechos pasillos, camarotes habitados de lúgubres escombros y sorprendidas criaturas marinas, bodegas repletas de camiones con sus ventanas y parabrisas intactos, volantes, ruedas…tan solo la chapa presentaba algún agujero carcomido de sal; suelas de caucho y botas militares con cueros todavía visibles, motos incrustadas de corales, cienos y pólipos, pero todavía con aspecto de nunca haber sido usadas,…Fusiles, municiones de todo tipo, grúas, enormes cadenas, cabestrantes…Poco a poco íbamos subiendo por sus entrañas aprovechando las viejas escaleras, las ahora oscuras claraboyas, hasta llegar al puente y desde allí contemplar el inmenso panteón de hierro, con los cañones todavía apuntando en una inútil amenaza a los impasibles cardúmenes que le asaltan. Y ya agotadas nuestras botellas, ascendimos por el cabo debido a las fuertes corrientes. Y casi indiferentes a los numerosos bancos de carángidos, anthias, pargos y barracudas, volvimos una postrera mirada al bello y fantasmal pecio, convencidos de que nos despedían mil almas de náufragos.

Por último en la tarde del día 8 de Agosto, casi acabando nuestra aventura decidimos en asamblea bucear en busca del tiburón (¡coj… con la democracia!). Nos encontrábamos en el estrecho de Tirán, donde el Mar Rojo pasa de casi 300 Km de anchura a unos 6 u 8 Km entre la isla de Tirán y el Sinaí, por lo que se establecen fuertes corrientes que aprovechan las diferentes especies de pelágicos para emigrar y alimentarse, cazando y siendo cazados. Éste era por tanto, el lugar idóneo donde encontrarse con el rey de los depredadores, el tiburón en cualquiera de sus especies, martillos, puntas blancas, tigres…etc.

La inmersión, la única donde percibí una cierta preocupación en nuestros divemaster, se planeó de acuerdo a las instrucciones que los guías establecieron: iríamos en un solo grupo compacto compuesto por los dieciséis buzos y los dos monitores, con Noha a la cabeza y Mohamed de escoba, formando una especie de manada de grandes bichos feos y burbujeantes, con la doble intención de despertar la curiosidad e intimidar a los escualos. Debido a las fuertes corrientes y a que la zódiac no tenía capacidad para todos, habíamos de saltar desde la plataforma del barco mientras se acercaba lentamente pero sin parar, al arrecife de Jackson desde donde iniciaríamos la inmersión. Precisamente por el poderío de las corrientes, este salto había de ser rápido y con los chalecos prácticamente vacíos para hundirnos con premura y evitar que la corriente nos arrastrase separándonos; así, nos reuniríamos en profundidad al abrigo de la pared de Jackson Reef.

Nos vestimos y equipamos con tensa emoción, que se manifestaba en diferentes reacciones: unos cantaban tiburón-tiburón…, otros concentrados más en silencio sentíamos un cierto escalofrío por la espalda, a otros como a Sergio le brillaban tremendamente los ojos en medio de una gran sonrisa de felicidad…, pero para todos, era una inmersión muy especial, que nadie estaba dispuesto a perderse. Preparados ya en la plataforma de popa, vimos como el barco trazaba una gran curva que nos iba aproximando al verde esmeralda de Jackson Reef y, a una voz de nuestros guías iniciamos el salto dando "pasos de gigante" de dos, tres o cuatro a la vez, dejando en el mar una estela de buzos que rápidamente se hundían huyendo de las corrientes. Bajamos sin detenernos hasta reunirnos con Noha, a menos 24m y según mi ordenador en tan solo un minuto desde el salto (toda una hazaña para mis oídos, hasta no hace mucho con tímpanos de madera, de los que en lugar de compensar crujen).

Una vez reagrupados y tras el pertinente "ok" general, abandonamos el arrecife tras de Noah adentrándonos en una inmensa masa azul sin límites y sin fondo, aleteando juntos pero sin choques ni aletazos, volviendo a sentir el vértigo del vacío y de la velocidad en el rostro, vigilando expectantes el límite azul a derecha, a izquierda, al frente, detrás, abajo y arriba, mirándonos unos a otros de hito en hito, haciéndonos algún "ok"tranquilizador. Pasaban los minutos y nos habíamos convertido en un banco más de seres marinos, navegábamos en formación cerrada intercambiándonos los puestos unos a otros pero sin romper el grupo pactado, unos por encima, otros por debajo, persiguiendo a nuestro guía y manteniendo un aleteo acompasado en extraño equilibrio con nuestros latidos y nuestra respiración (¡que momentos más sublimes!). De pronto oí gritar, sí literalmente gritar a Marina que señalaba un punto donde al mirar, distinguí en un contraluz azul una forma solitaria, grande y de prominentes aletas; prácticamente me salí del cinturón de lastre en pos de mi corazón y me uní eufórico a los gritos de Marina, hasta que apareció Sergio con una mano sobre la cabeza imitando una aleta y con la otra haciendo la seña de NO…Como después nos explicó, habíamos confundido un hermoso atún con nuestro ansiado y temido tiburón.

No bien nos habíamos repuesto de esta aparición, cuando Miguel me tocó repetidamente en el hombro señalando de nuevo al azul y, sí, esta vez sí, pude apreciar extasiado, sin respiración, una larga forma afilada, de morro prominente y aleta triangular que viniendo hacia nosotros cambiaba de rumbo bruscamente, enseñando su vientre gris más claro antes de desaparecer y dejarnos su imagen para siempre tatuada en nuestra memoria; más tarde, en superficie Miguel me informó de que habían sido dos los escualos que aparecieron cuando me avisó, aunque yo sólo había llegado a ver el último de ellos.

Marina en el Thistlegorn

Tras esta corta pero intensa visión, atendí a mi ordenador que marcaba insistentemente hacia arriba con 7 minutos de descompresión. En ese momento nos encontrábamos a menos 34 metros y habían pasado como en un instante 35 minutos de inmersión; al tiempo llegábamos a una cresta submarina que se elevaba hasta menos 17 metros, lugar donde me acerqué a Noha para informarle de que estaba en deco, justo en el instante en que "Y" (buzo masculino miembro del otro grupo, del que por discreción no digo su nombre) le hacía la señal de reserva…Aquí la guía me la jugó, señalándome hacia él y juntando los dedos índices, me indicó que subiera con "Y". Iniciamos la subida en vertical alejándonos poco a poco del grupo y de la referencia rocosa, por dos veces tuve que tirar de sus aletas para frenarle en su ascenso y al llegar a los menos 6m me detuve para sacar mi boya de descompresión, llenarla de aire y realizar obediente la parada. Pero "Y" no paró, indiferente a mis señas para que bajara, me hizo un gesto de "adiós" y desapareció en la brillante superficie. Allí me quedé yo, primero preocupado por él porque no había realizado ni la parada de seguridad, después poco a poco mosqueado y luego francamente cabreado y acongojado, porque tras acompañarle me había dejado solo en mitad del Tirán, colgado del fino cabito de mi boya, en zona de tiburones, arrastrado por la corriente y rodeado de azul. Imaginando continuamente que yo era una pequeña lombriz colgando del sedal, a la espera de que unas enormes fauces se cerraran sobre mí, explicando así el nombre hasta ahora inexplicado del Mar…Rojo, muy Rojo.

Juro, que tuve que realizar un gran esfuerzo para contenerme y no salir disparado hacia arriba y apunto estuve de cambiar yo solito el color y el nombre al mar, de rojo a marrón, en el largísimo tiempo que tardaron en pasar los pocos minutos que indicaba el ordenador. Ya una vez en la zódiac, comprenderéis que os ahorre mis comentarios al "compi" que por lo demás fuera del agua era una excelente persona. Os aseguro que además de inolvidable, nunca, nunca había derrochado tanta adrenalina.


INCIDENCIAS Y ANECDOTAS


Además de lo narrado hasta ahora, quedan multitud de momentos irrepetibles, divertidos, sorprendentes o incluso arriesgados, tanto individuales como colectivos. A modo de muestra paso a contaros alguno de ellos, empezando por la primera nocturna allá en "El Templo": entre los pináculos poblados de peces León y con la obsesión de mantenernos agrupados sin querer perder la visión de cada maravilla…Montamos tal mogollón de principiantes donde los codazos, golpes en las máscaras, aletazos en las partes nobles…etc, convirtieron un aparente paseo en un concurso de "tu-la-ligas", del que huían hasta los feroces peces León. En esa estábamos Miguel, Mª Ángeles, Sol y yo cuando al intentar separar una aleta de su cara, Sol extendió su brazo y ¡zaasss!, su mano fue atravesada por treinta y tantas púas de erizo. La pobre lo pasó mal, muy mal (figuraos cómo quedó el erizo) pero como no hay mal que por bien no venga, desde entonces realizó un buceo de guante blanco en todas y cada una de las inmersiones que hicimos. Lo digo porque tras las curas de cada día buceaba con un guante de látex blanco cubriendo sus apósitos.

En la mañana del segundo día me tocó a mí: muy ufano, me dispuse a tomar el sol protegiéndome con la crema de filtro pertinente y al ir a bajar por la escalerilla de cubierta, mis manos untosas no me sujetaron y "cataclok-clak-clok", conté con mis lumbares y cráneo todos y cada uno de los escalones. De pronto, estaba tumbado boca arriba en la cubierta de abajo, maldiciendo a toda la dermatología (sublime ciencia que cuida de nuestra piel pero destroza los huesos). Desde entonces cada vez que tenía que ir en la zódiac, se convertía el paseo en un suplicio lumbar, apenas mitigado por calmantes y sobre todo por la habilidad de Jorge que con sus masajes consiguió que aguantara el ritmo de nuestras inmersiones. ¡Va por ti maestro!

Así que…no lo olvidéis: "Pies húmedos y crema solar, joden la lumbar".
Otra más ocurrió en Small-Crack, esta vez a los "compis" del otro grupo. A uno de ellos (el mismo "Y" de antes) que terminó la inmersión por falta de aire bastante lejos del barco, no se le ocurrió otra cosa que acortar atravesando por encima del arrecife…Como luego pudimos comprobar, llegó desollado y con más arañazos que si se hubiera peleado con un tigre de Bengala. Y en la misma inmersión, otro de sus compañeros, de Canarias para más señas, se topó con un lindo coralito de fuego y se escaldó la mano, pero el muy puñetero se cayó para evitar el posible choteo, hasta que el color rojo oscuro de su piel le delató al día siguiente.

Por último, dos incidentes que afortunadamente no tuvieron consecuencias pero que nos dejaron acongojados. Uno muestra el riesgo que siempre entraña el mar, ocurrió en la última nocturna, en la poco profunda y abrigada laguna sur de los arrecifes de Tirán: se inició la inmersión con una calma absoluta del mar y mientras estaban sumergidos, poco a poco se levantó un potente vendaval que hizo de la vuelta a superficie una verdadera odisea, pues el viento separó buzos y arrastró a algunos contra los arrecifes mientras la zódiac no daba abasto buscando y recogiendo grupos separados en mitad de la noche; especialmente mal lo pasó Marina y de rebote Sergio, José Emilio y todos los ocupantes de la zódiac, cuando al ir a subir a la barca, ésta la empujó contra la pared del arrecife, ante la impotencia de todos los presentes, aunque rápidamente se liberó de la situación sin daño alguno.
El otro incidente muestra que los peligros no sólo están en el mar, pues ocurrió el último día por la tarde, ya desembarcados y realizando algunos de los más incansables una excursión en "Quads"? vamos, en motos de cuatro ruedas por el desierto que rodea el puerto de Sharm. Durante la misma, Mª José realizó un giro algo brusco y el artefacto que apenas tenía amortiguación, hizo una tijera y dio una o varias vueltas de campana por encima de su jinete, poniendo el corazón y lo "otro" en la garganta del resto de expedicionarios; menos mal que además de no pasar nada importante, es la novia de Jorge y éste se encargó de "mimar y reparar" sus contusiones.


AVISOS Y RECOMENDACIONES


Aunque no era mi intención hacer un relato tan largo y tan ancho, creo que este rollo no serviría de nada si no se le añaden algunas informaciones de interés para los que de nuevas se planteen unas buceadas por este maravilloso lugar.

Lo primero que te encuentras al llegar al barco, es un enorme cajón donde amablemente pero sin apelación, te invitan a dejar el calzado que ya no vuelves a ver ni a oler hasta que finaliza el crucero. Al principio resulta extraño y algo inseguro, pero al final lo incómodo son los zapatos.

En cuanto a la ropa, sólo es necesario llevar quita y pon de bañadores, algún pantalón corto y camisetas de algodón, sin olvidarnos de gorra o sombrero. Por lo demás, no te da casi tiempo a ponerte los gayumbos, ya que por el ritmo de las inmersiones es un crucero a "calzón quitao" y desde luego sobran los jerseys. Luego está el gusto y manías de cada cual y cada cuala …pero de verdad, sobra mucha ropa en las maletas.

Y ya metidos en la equipación, os aconsejo para bucear un traje húmedo de 5mm, largo o corto según gustos y tolerancia térmica. Es verdad que al principio se podría bucear desnudos, pero al ser todas las inmersiones prácticamente sucesivas a la tercera ya se nota la hipotermia en los entresijos. Una buena combinación sería un traje largo de 0,5mm y sobre él uno corto de 3 ó 5mm, con lo que evitaríamos los dolorosos roces con corales de fuego, pecios…etc., y mantendríamos más el calor.

Respecto al resto del equipo, la organización pone el lastre sin cinturón y la boya deco al que no la lleve (es obligatoria como elemento de seguridad ya que casi todas las inmersiones son en corrientes), que solo hay que abonar en caso de pérdida. Aunque antes de partir se puede alquilar de todo en el puerto a través de nuestros guías.

¡Ojo! con el lastre, por la salinidad del mar, la temperatura del agua (por la que no se nos encoge nada) y las botellas de aluminio, se necesita bastante más plomo del que usamos normalmente. Yo precisé de 3 kg más de los que uso normalmente con un semiseco y llevaba una lycra de 0,5 y un traje corto de 5mm.

Las botellas son de aluminio y muy largas pero solo de 12 litros y un solo grifo, por lo que no se pude usar doble regulador, tan solo octopus. Gracias a la temperatura del agua y a una buena gestión del equilibrado y de los perfiles de inmersión, hemos realizado buceadas de 74 minutos.

Debéis saber también que los guías no bajan normalmente a las nocturnas, es una forma lógica de liberarse de algo del nitrógeno acumulado a lo largo de los diferentes cruceros (yo doy fe de que al final, en lugar de orina meábamos agua de seltz, con burbujas de nitrógeno). Pero normalmente se hacen las nocturnas en tranquilas lagunas coralíferas o en paredes con poco fondo y con unos enormes focos que desde la quilla del barco sirven perfectamente de faros para orientarse a la vuelta.

De todas formas, no es mala idea el saltarse una o dos inmersiones durante el crucero, especialmente a los "jóvenes de cuarenta y…bastantes", para dar un respiro a nuestros cuerpos y a nuestros sufridos ordenadores, que desde el tercer día se vuelven medio locos y en lugar de pitar, hasta chillan e insultan con solo oír la palabra inmersión o Nitrógeno.

Más cosas a tener en cuenta son que no dejan bucear con cuchillos grandes o de pierna, tan solo permiten cuchillos muy pequeños (de tráquea o chaleco) y cortacabos. Igualmente, no dejan bucear con guantes para evitar tocar, excepto cuando se baja a pecios.

Como conclusión os diré que no se puede coger nada, tocar nada, apoyarse en nada, aletear cerca del fondo…etc., etc., etc., pero es una maravilla!!

Otro aspecto de gran utilidad es el llevar un botiquín que cubra las afecciones más frecuentes y las curas más imprescindibles. Por la cadencia intensiva de las inmersiones al segundo día ya se dispensaban a buen ritmo gotas para los oídos, colirios, analgésicos, cremas, antiácidos, desinfectantes, vendas, tiritas y hasta antibióticos; además sospecho y casi puedo asegurar que el barco carecía de medicación y que el material de cura se reducía a un paquete de algodón, alguna venda y puede que algún desinfectante. De todas formas lo más útil de verdad es llevar a bordo un buen médico. Por lo que desde este momento, sacrificadamente me pongo al servicio de aquellos que esto lean, para que me lleven sin cobrar pero a gastos pagados, a sus respectivos cruceros de buceo. Y ya de paso, os informo de que en el CIAS tenemos un botiquín a disposición de todos los socios para llevar en las diferentes salidas, con una pequeña guía de uso que se está elaborando.


FIN DEL CRUCERO


Por último deciros que al final del crucero se da propina colectiva para la tripulación (se la ganan con creces) y otra para los guías que también se la trabajan, en total 10 euros por cabeza que se pagan con gusto. Por cierto en la Marina (el puerto de Sharm) se puede pagar casi todo, equiparados, en dólares o en euros, pero en Sharm-el Sheik el euro vale más y si pagas en dólares te suben el precio.

En éste último día se aprovecha para nadar, hacer snorkel y para acercarse a Sharm-el-Sheik cuando anochece, tras haber recogido y vuelto a hacer equipajes. Esta visita es obligada pero aterradora, primero el viaje de quince o veinte minutos en taxis colectivos escuchando chirridos de frenos, pitidos y golpes, solo a la ida conté cuatro coches destrozados, alguno todavía humeante. En este mismo trayecto nos adelantó por la derecha un turismo a toda velocidad y se nos cruzó por delante para hacer un cambio de sentido…no hay palabras, te quedas sin voz. Por supuesto que a la vuelta no miré, tan solo recé.

Una vez en Sharm, resulta que es un hormiguero de grandes edificios, casinos, hoteles, almacenes…y de personas de todo tipo, raza y lugar; un guirigay donde te mueves casi a empujones, donde te asaltan todo tipo de vendedores que te llaman amigo, hermano, te invitan a té o cárcade y te ofrecen multitud de objetos con unos precios a veces desorbitados, pero con derecho a regatear excepto en las tiendas de marcas, que son más caras que en Europa. Total que a la hora ya estábamos la mayoría reunidos en torno a una cerveza (¡por fin!), agobiados de ruido y gente y, deseando volver a la paz del barco antes de partir hacia el aeropuerto.


LA VUELTA


Finalizó nuestra aventura pasando de nuevo por la aduana del aeropuerto, esta vez sometidos a un implacable registro por parte de los muy armados y malencarados guardias. Parecía que nos hubiéramos apropiado de los tesoros de los faraones; aunque el gran tesoro lo llevábamos en nuestras cámaras, en nuestra mente y en nuestro corazón, nos vaciaron hasta los bolsillos de los pantalones. Y a Sergio casi le hacen pagar por haberse comprado (¡cómo no!) un diente de tiburón.

Tras recuperar la perdida e internacional maleta de José Emilio facturamos, esta vez sin problemas, los equipajes y embarcamos rumbo a España con una sensación unánime de que los días habían pasado en un suspiro, pero que a la vez volvíamos llenos, tan llenos que teníamos una maravillosa sensación de plenitud. Repletos de imágenes increíbles, de experiencias maravillosas y de vivencias tan intensas, como si hubiéramos pasado varios meses fuera de nuestro entorno cotidiano. Con la certeza de que algo tan grande e intenso necesitaría tiempo para ser adecuadamente digerido, saboreado y valorado.

Aquí tengo que hacer una mención especial a nuestros dos videosub José Emilio y Sergio, que tras haber gravado más de once horas de imágenes y sonidos han editado un DVD, donde José Emilio en 52 extraordinarios minutos sintetiza todo nuestro viaje intercalando fotos, mapas y explicaciones de todo lo vivido fuera y dentro del agua. Habiendo realizado un documental y una guía que ya la quisieran los del National Geographic. Os lo recomiendo vivamente, es: e-s-p-e-c-t-a-c-u-l-a-r.

Y ya, termino este relato con el agradecimiento a todos y cada uno de los que han participado en este viaje, a todos los que nos lo han posibilitado y animado y, cómo no, a la gente del Cias que me han enseñado no solo a bucear, sino a amar tan profundamente este mundo único y maravilloso.



Autor: Jesús Nuñez García
B3E del Grupo Deportivo CIAS de MADRID
Fotografías: Jose Emilio Sanchez Montejo
Experto en VideoSub del CIAS de MADRID

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